Prisioneros de nuestros datos

Saben lo que te gusta, lo que odias e incluso lo que te da igual. Nos conocen al detalle porque, con cada entrada en Google, vamos soltando a la red todo nuestro perfil sin ningún tipo de pudor hasta el punto que el buscador se ha convertido, según Stephens-Davidowitz, - autor del libro “Todo el mundo miente” - , en la encuesta más completa y fiable de cuantas se hayan creado.

Para Stephens-Davidowitz, que ahora es columnista del New York Times, pero fue científico de datos de Google, la validez de las encuestas tradicionales está en entredicho; en su opinión, su método es mejor y se basa en los datos facilitados por Google Trends, la plataforma que te permite descubrir qué está buscando el mundo. Cree que esta herramienta le ha permitido conocer a las personas sin filtro y sólo a través de las búsquedas que han realizado en Google. También resta validez a las encuestas basadas en redes sociales porque considera que en ellas las personas siguen mintiendo y no enseñan su verdadera cara sino muy al contrario, simulan la realidad con textos e imágenes que no son reales.

La conclusión de su estudio es que, cuando estamos solos, somos racistas, egocéntricos, viciosos, depresivos y unos obsesionados del sexo.

Según el autor, Google es el suero de la verdad digital, que ayuda no sólo a entender cómo somos sino también a cambiar conductas. Los datos así obtenidos, sirven por un lado para medirte con iguales, de forma que si una persona está obsesionada con su peso puede compartir su obsesión con otras que sufran como ella y por otro, a ofrecer una medida exacta de los problemas de la sociedad para poder encontrar la mejor forma de solucionarlo.

En un artículo que escribió en The New York Times en 2015, analizaba el discurso que Obama había dado semanas después del tiroteo de San Bernardino, donde una pareja de extremistas musulmanes asesinaron a 14 personas; Obama habló de la importancia de ser tolerantes y de que no había que juzgar a millones de musulmanes por las actuaciones de una minoría radicalizada; sus palabras tenían buenas intenciones, sin embargo, su discurso provocó más intolerancia y las búsquedas sobre “matar a musulmanes” se dispararon; sin embargo, cuando dos meses después Obama habló de la islamofobia, ensalzó la contribución de los musulmanes a la cultura y la arquitectura estadounidense y se refirió a los policías, bomberos, profesores y médicos musulmanes que daban su vida por los demás, las búsquedas negativas volvieron a descender.

Lo relatado es una mínima parte de lo que Google sabe o puede llegar a saber de nuestras vidas y todo porque, gratuitamente, damos continuas pistas sobre nuestra forma de actuar.

Antes, si querías buscar lo ocurrido en el pasado tenías que ir a una hemeroteca y consultar el diario de la fecha; de este dato se enteraban el bibliotecario y algún otro que hacía lo que mismo que tú. Ahora, realizar una búsqueda en Google supone propiciar el despertar de miles de bibliotecarios digitales que ponen en tu pantalla información sobre cientos de miles de entradas de diarios, pero que, al mismo tiempo, como soldados en guerra cuerpo a cuerpo, te van acribillando con la publicidad que creen quieres ver; al mismo tiempo, van recopilando tus datos, tus gustos, tus perfiles.... ¡estás cazado!.

Libertad vigilada

El ataque informático sufrido por Facebook el pasado septiembre, permitió acceder a los datos personales de cincuenta millones de usuarios y reveló que Facebook vende a anunciantes y desarrolladores de aplicaciones datos de sus usuarios. A ello se suma la filtración de datos a la empresa Cambridge Analytica que obtuvo en 2014 los de más de 50 millones de usuarios de la plataforma en EEUU y que se utilizó para crear contenidos específicos para influir en la campaña electoral a favor de Donald Trump. Recientemente, The New York Times, ha publicado una nueva investigación según la cual Facebook permitió a Microsoft, Amazon, Netflix y otras grandes empresas acceder a mensajes privados y obtener datos de sus usuarios como los nombres de todos los amigos de la red social e incluso leer los mensajes privados de los usuarios de Facebook. Si estás en Facebook estás vendido.

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